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Opinión -De odios y bajezas

OPINIÓN

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DE ODIOS Y BAJEZAS Sin saber bien el por qué, desde siempre España se ha significado como un país lleno de cainitas; los encuentras por todas partes y en estos últimos tiempos se ha generalizado más, si cabe, en esta desgraciada deriva. El odio o la enemistad contra allegados o afines se desparraman no solamente en los medios de comunicación, sino que se puede apreciar en la calle, en las manifestaciones o concentraciones y, como últimamente se puede ver, en la entrada y salida de los juzgados. El cainismo es, en muchas ocasiones, fruto de la venganza, generalmente partidista, cuando no de la envidia o los celos, no necesariamente afectivos, sino más bien políticos. Hemos sido testigos en el tiempo de apaleamientos verbales y vergonzosos de personas que han sido juzgadas irreflexivamente por la presión de los medios de información que se erigen en jueces, sin tener pleno conocimiento de las causas, pero para dar cumplimiento a su sagrado mandamiento de captar audiencia; personas sometidas a una simple investigación penal que por el simple hecho de serlo, para una parte de la opinión pública, ya se le considera culpable. Es un espectáculo de miseria humana, de buitres carroñeros mirando solamente por sus intereses, bien sean comerciales como intereses políticos; verdaderos reyes cainitas de esta España que tantas veces nos duele. No importa si ha sido apoyada durante muchísimos años por el pueblo con mayorías absolutas, caso de la infortunada Rita Barberá, y su lucha innegable por hacer de su tierra un lugar más cívico, agradable e industrializado, lo que avala realmente su trayectoria pública. Nada de eso importa. El simple fallo en el deber de vigilancia de alguno de sus colaboradores por malas prácticas, ha sido suficiente para que el circo mediático le condenara sin juicio previo y pasando por encima de su presunción de inocencia. De la insondable bajeza moral y el desprecio encolerizado a la presunción de inocencia, ya han dado muestras algunos señalados dirigentes políticos con sobreactuaciones que les retrata, no ya como políticos, sino como simples personas. La Justicia es terriblemente lenta y por ello injusta, pues nunca repara el daño causado por esa lentitud. Rita Barberá ha sido condenada por unos cuantos desaprensivos por un supuesto delito de blanqueo de dinero que ascendía a la escandalosa cantidad de 1.000 euros; sin esperar a que el magistrado decidiera o no pedir el suplicatorio al Senado para proseguir la investigación, cuya causa, según dicen los expertos, estaba abocada al archivo por su intrascendencia. Hasta en eso ha tenido mala suerte la exalcaldesa de Valencia, no le han dejado reconfortarse con un archivo anunciado de su causa.



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