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Opinión - Vapuleando la historia

OPINIÓN

VAPULEANDO LA HISTORIA El 6 de octubre de 1934, el entonces presidente de la Generalitat, Lluís Companys, proclamó en Barcelona el “Estat Català” dentro de la República Federal Española. La respuesta del Gobierno de Alejandro Lerroux, en la República presidida por Niceto Alcalá Zamora fue proclamar el Estado de guerra. “Declarado el Estado de guerra –especificaba el parte, publicado en el Diario Oficial del Ministerio de la Guerra–, aplicará sin debilidad ni crueldad, pero enérgicamente, la ley marcial”. Ahora mismo nos encontramos inmersos en un proceso igual al de 1934 y confiamos en que, de igual forma que entonces, con la nueva Constitución que nos dimos los espñoles, se tomen las medidas pertinentes para sofocar este golpe sedicioso.Los nacionalismos siempre actúan como un síncope que paraliza la vida nacional, un síndrome que obnubila las mentes de personas tenidas, por sus referencias académicas o sociales, como normales, pero constatando que cuanto mayor es su propensión independentista, más se conducen a una visión deformada de la realidad; bien falsificando la historia o queriendo imponer sus postulados para justificar su afán diferencial. Resulta lamentable la manipulación que se ha hecho en Cataluña de la historia después de tres décadas de inmersión nacionalista. En su afán por hacer valer un pretendido carácter histórico de «nación» y de «estado» catalán, vapulean la realidad y llegan a afirmar en medios oficiales que adquirió la soberanía del Reino de Aragón en 1137, creando Jaime I el Conquistador los “Países Catalanes”. Nada más lejos de la realidad histórica, pues en los archivos regios de la Edad Media, nunca aparece Cataluña como reino, sino únicamente como Condado de Barcelona. En 1137, el rey Ramiro II de Aragón pactó el matrimonio de su hija Petronila con el conde de Barcelona, Ramón Berenguer IV. Ramiro II no otorgó el título de rey al catalán, sino únicamente le reconoció el de Príncipe, por la vía de este matrimonio. Petronila queda como única titular del Reino, y en documentos oficiales librados por ella se refiere a su marido exclusivamente como Conde de Barcelona. Casi un siglo después, el rey Jaime I se expresa oficialmente como «Rey de Aragón y de Mallorca y de Valencia, conde de Barcelona y de Urgel». Desde el matrimonio entre la reina Petronila y el conde Ramón Berenguer IV, Cataluña quedó como un territorio más de la Corona de Aragón. La realidad histórica es que nunca existió un reino de Cataluña. Ese territorio se unió al Reino de Aragón como Condado de Barcelona, y esa fue la condición que tuvo en todo momento dentro de la Corona de Aragón. Desde entonces -y nunca varió la fórmula-, el monarca tenía los títulos de rey de Aragón y conde de Barcelona. Es clarificador el propio pacto entre el rey aragonés Ramiro II y el conde de Barcelona Ramón Berenguer IV. Cuando Ramiro II dispuso unir en matrimonio a su hija Petronila con el conde de Barcelona, dictó una declaración en 1137 en la que, lejos de «ceder la soberanía» de Aragón a Cataluña -como cuentan la historia manipulada-, el rey aragonés dejó claro cómo se hacía esa unión: «Yo seré Rey, señor y padre en el citado reino y en todos los condados hasta que me plazca». No es posible el querer crear una “nueva nación” desde la falsificación de la historia y el incumplimiento de las leyes.

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