Para poder visualizar todos los contenidos debes tener instalada la versiĆ³n actual de Adobe Flash Player.

Principal Lugar de poesia Lugar de pintura Lugar de opinion Lugar de música Música de películas Racó d'Elx Cajón de sastre Enlaces de interés Artículos anteriores Opinión - Grotesco Opinión - Cristofobia Opinión - Tu me dai la cosa me... Opinión - Entre cándidos y manipuladores Opinión - Un espejo donde mirarnos Opinión - Los límites del rencor Opinión - Profesionales de la ignominia Opinión - Farsantes y consentidores Opinión - El bufón y sus acólitos Opinión - Los elegidos Opinión - Los liantes Opinión - Osados ignorantes Opinión - Una ley defectuosa Opinión - Los nuevos tribunos Opinión - Los tramposos Opinión - Ignorancia y sectarismo Opinión - Derecho consuetudinario Opinión - A propósito de Andrea Opinión - Vapuleando la historia Opinión - Ideología laicista Opinión - Setenta y ocho años después Opinión - En el umbral de la ruina Opinión - La última astracanada Opinión - El fuego fatuo de la inspiración Opinión - Los descuajeringados Opinión - La que se avecina Opinión - El aliado irrelevante Opinión - Buitres carroñeros Opinión - La venganza de Schez. Opinión - Manipulación genética Opinión - Sin perdón Opinión -De odios y bajezas Opinión - Adeste fideles Opinión - El día se ha ido Opinión - Carrera hacia la muerte Opinión - ¡Ay, Llach, Llach! Opinión - De artistas y paseantes Opinión - De trileros y pringados Opinión - No tenemos miedo Mirando por la ventana - Articulos  Mirando por la ventana - Articulos  

Opinión - Sin perdón

OPINIÓN

Propia

SIN PERDON Hace dos años el secretario general de la OCDE, Ángel Gurría, nos advertía que los titulados universitarios españoles tenían un nivel equivalente al de un estudiante de secundaria japonés, sin que nadie se escandalizara excepto algún periodista preocupado; pero ello no fue motivo suficiente para que alguna televisión le dedicara una décima parte del tiempo empleado en programas intrascendentes, ordinarios y vocingleros que tanto gustan a una masa ávida de chismorreos frívolos. No se me ocurre qué noticia, salvo alguna relativa a alguna desgracia, nos puede obligar a reaccionar si no lo hacen noticias como éstas. Ahora conocemos también de un movimiento promovido por la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres del Alumnado (Ceapa) en el que se insta a las familias a "rebelarse" contra los deberes a los niños. La campaña pretende que los alumnos no hagan sus tareas durante los fines de semana. Y el otro día observé estupefacto unas manifestaciones en toda Espala de unos críos, acompañados de ciertos mayores con aspecto de no haber pisado nunca una universidad, pidiendo derogar los exámenes de Bachillerato. Permitir que fracase el sistema educativo constituye una condena a muerte para el futuro de cualquier nación. Vivimos en un mundo globalizado y sin preparación suficiente nuestros jóvenes no podrán competir en igualdad de condiciones con los jóvenes de otros países, que vendrán a ofrecerse a empresas cargadas sus mochilas de títulos universitarios y acreditando su valía. Este modo de entender la educación de los hijos algunos padres, algunos políticos y muchos activistas, es una forma de fomentar el desinterés por el conocimiento y el esfuerzo. Es una inducción directa a la incultura y a la rendición. Sencillamente así no se prepara a la gente para enfrentarse al mundo en el que van a vivir. El país sigue produciendo camareros y peones, pensando en ponerse pronto a trabajar, y eso significa mano de obra con poco valor añadido, poca cualificación y sueldos bajos, para luego quejarse de que en sus trabajos no hay forma de promocionarse y elevar su categoría laboral. Por el contrario, este país desprecia a los que se esfuerzan, para premiar a los vagos, los tramposos y los mediocres, en base a ese afán ancestral de tirar al de arriba hacia abajo en nombre de una falsa “igualdad” que esconde envidia, ruindad y falta de voluntad o coraje para apuntar a lo más alto. Mientras tanto, para engañar –para engañarnos- se ha despilfarrado dinero a espuertas en cursos de formación que han cebado la corrupción política, sindical y empresarial sin verdaderos resultados formativos. Es la guinda que colma los despropósitos. En estas circunstancias seguiremos viendo a unos padres oponiéndose a que sus hijos se esfuercen para un futuro mejor; a unos jóvenes estudiantes manifestándose no sabiendo muy bien por qué y a muchos de estos y otros jóvenes, en la mayoría de fines de semana, haciendo paseíllo por los supermercados para pertrecharse de botellas para celebrar sus conocidos –y a veces funestos- botellones.



Lugar para amigos

Lugar para la música

Lugar de poesía