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Opinión - Osados ignorantes

OPINIÓN

OSADOS IGNORANTES El desarrollo de la vida urbana, la rápida modernización de la sociedad y un equivocado sentido del acercamiento hace que cada vez, en mayor medida, se esté imponiendo de forma indiscriminada el uso del tuteo; esa forma familiar de usar el pronombre tú para la segunda persona del singular y que se ha extendido peligrosamente entre mucha gente que, de forma indiscriminada, utilizan este término para dirigirse a una persona, sin tener en consideración la edad, o un nivel superior reconocido, bien sea por ostentar un título profesional, tener mayor rango o jerarquía, una cota social alta o por una simple cuestión de educación, restándoles el respeto que se les debe. No es ya el que te encuentres con algún joven que te tutea sin que tenga ningún tipo de parentesco contigo, y que con total impunidad te trata como si fueras uno más de su pandilla a la hora de preguntarte o solicitarte algo, con una intimidad que te hace dudar si verdaderamente uno está equivocado y no recuerda bien si se ha tenido con esa persona algún trato anterior coyuntural que justifique esa atrevida cercanía, sino que el hábito se ha extendido a personas con edades superiores y que desde sus profesiones de atención a pacientes, clientes o de empleados, no pueden –o no deberían- tratar de tú a las personas a las que prestan el servicio. El tutearlos es una clarísima falta de respeto hacia esas personas y una evidencia de que les ha faltado una buena orientación educativa o un mal provecho de la misma. Algunos tratan de justificar –siempre hay alguien que lo justifica todo- que el problema viene de la forma de expresión de los angloparlantes, que con su “you” incluyen en una sola forma el tú y el usted. Personalmente no lo creo, España aún no tiene asimilado –en la línea media de las personas que abusan del tuteo- el nivel de costumbres anglosajonas suficientes como para confundir y aplicar el término. Es más una cuestión de educación, de respeto hacia los demás y de valorarse uno mismo ante quien se le ofrece el detalle del tratamiento. Muchos ignoran que a una persona a la que no conoce con anterioridad no se la debe tutear. En una presentación, bien sea en el ámbito laboral, social o familiar, no debe tutear a la persona que acaba de conocer, ni a una persona mayor, además de quienes ostenten dignidades reconocidas. Son reglas básicas de algo que desgraciadamente va desapareciendo paulatinamente: urbanidad; aquella asignatura que algunos profesores –afortunadamente- se empeñaban en enseñarnos en generaciones anteriores y que, hace mucho tiempo, desapareció de los planes de estudio. Ahora se dan otras materias, posiblemente muy importantes y necesarias, pero se olvidan de que el profesor, además de enseñar al alumno debe ser un educador, labor en la que en muchos casos suple muy bien la inmadurez o falta de principios de algunos padres. Ya ni aquellos que te acosan para conseguir hacerte cliente de ellos guardan un mínimo de respeto hacia tu persona, aunque no sea por respeto, sino por consideración; la cortesía mínima que debería ser norma empresarial. Hoy mi proveedor de televisión por cable, por medio de la pantalla del televisor, me avisa de que están haciendo una actualización, tuteándome, naturalmente. Hay quien no ha aprendido que el tuteo –y solo cariñoso- es solo con los niños.

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