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Opinión - Los tramposos

OPINIÓN

LOS TRAMPOSOS “La política no está al servicio de las palabras sino las palabras al servicio de la política”. Con esta frase tan maquiavélica de Zapatero cuando era Presidente, dejó patente la invalidez de todo posible compromiso, y además de decretar el estado de ambigüedad perpetua de su propio lenguaje, nos enseñó que no podían ser totalmente fiables sus palabras ya que éstas eran expresadas en función de las conveniencias circunstanciales y que la palabra es una mera intencionalidad de una posible acción a efectuar. A estas alturas, muchísima gente está de acuerdo en que los políticos son personas poco fiables, excepto, naturalmente, los nuevos mesías de la política investidos de populismo, los cuales aportan mensajes retóricos y demagógicos que quiere ocultar un comunismo de nuevo cuño. Así y todo, las televisiones nos siguen aportando bustos parlantes que, en muchos casos, se adornan de una buena dicción y aparentes conocimientos, apoyado por una imagen pulcra irradiando certeza y rectitud. Precisamente estos medios son los que sirven también para desenmascarar a los tramposos, a los que únicamente ponen la palabra al servicio de la política, no al interés ciudadano; pues quedan sus mentiras al descubierto pasado el tiempo al no cumplir lo dicho, circulando las grabaciones de sus manifestaciones para escarnio del mentiroso. La palabra dada en una sociedad responsable debería ser la principal tarjeta de presentación del que la compromete; es el valor de su identidad que define lo que es y su credibilidad y moralidad, a la vez que establece su grado de dignidad y confianza, tanto personal como profesional.; pues si algo puede establecer lo que vale una persona es la credibilidad de lo que dice por las implicaciones que tiene. Estos días hemos asistido, previamente a las elecciones para constituir los ayuntamientos de España, a un torrente de buenas intenciones y aseveraciones que luego han resultado incongruentes entre lo que decían y lo que realmente pensaban. Estos hechiceros de la palabra hueca que trataban de encandilar a la audiencia para robarles su voto, son los que luego han hecho todo lo contrario de lo que pregonaban, engañando a sus votantes, quienes nunca imaginaron que su voto pudiera ser desviado hacia otra formación política de la que, si le preguntaran, tal vez nunca lo hubieran consentido. Es el poco valor de la palabra dada y de lo poco que les importa las personas implicadas. El arte de la mentira política en aquellos que prometieron honestidad de manera permanente y responsable como un compromiso social. Puro teatro para un público ávido de mensajes retóricos y que la mayoría suele perdonar y justificar. Ya lo dijo Jonathan Swift: “Los hombres son tan ingenuos, y responden tanto a la necesidad del momento, que quien engaña siempre encuentra a alguien que se deja engañar”.

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