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Opinión - Los descuajeringados

OPINIÓN

Propia

LOS DESCUAJERINGADOS Era de esperar. No solamente se constata en la calle, en el transporte o en cualquier lugar donde se realice un evento cultural o de convivencia; no hay más que poner la televisión y navegar por los diversos de programas para comprobar que el trato habitual hoy día es mucho peor que informal. Hay una peste descontrolada de mala educación y peores formas en el trato y el respeto al prójimo. Solamente en reductos privados o en círculos muy específicos o selectos de la sociedad se puede encontrar un ambiente más amable y educado, con observancia de las reglas del trato y la cortesía. La desaparición de las buenas maneras, sobre todo en España, revierte lo que hasta hace medio siglo, en el mundo occidental, eran unos códigos homogéneos comúnmente aceptados. Existe una mal entendida progresía que se empeña en hacer desaparecer las buenas maneras y mantener un aspecto visible totalmente contrario a lo que la mayoría entendemos por las formas; esos elementos que nos distinguen e identifican en la sociedad y que no es otra cosa que el respeto hacia los demás y de uno mismo. Hay una cierta izquierda dirigente salida de la Universidad que se han erigido en apóstoles de los llamados “antisistema”, esos que casi nadie sabe bien ni hacia dónde van ni de dónde vienen, ni que pretenden, pero que son contrarios a todo lo establecido y que todo lo quieren cambiar. Allá cada uno con sus ideas y su concepción de la sociedad. Se puede no estar conforme en la que uno vive y es lícito el intentar mejorarla –mejorarla, no embrutecerla- pero eso no debe estar reñido, en modo alguno, con los rituales y las formas en el vestir y en el trato, que son expresiones del valor que se concede a valores, símbolos y sentimientos. Hoy, lugares que históricamente han sido santuarios del rigor en el vestir y en el hablar, se han convertido en tribunas vociferantes y agresivas con personajes ataviados con indumentarias propias de vendedores de mercadillos medievales. Hay algunos que aparentan guardar las normas de corrección en el vestir, pero esconden la corbata para que no se le relacione con personas de otra ideología, como si la corrección en el vestir fuese propio de una ideología determinada. El colmo de la falta de respeto y consideración debida ocurre con el Jefe del Estado. Hay un desfile desconsiderado de algunos personajes que acuden con vaqueros, en camisa y con zapatillas, al ir a un encuentro propiciado por éste y que, además, se permiten la grosería de tutearle y llamarle ciudadano Felipe; y sin mantener posteriormente el rigor y el secreto deseables en estos casos al dar cuenta de sus confidencias y testimonios. Una parte menor de la sociedad -aunque sume cientos de miles de votos sigue siendo una minoría- pretende subvertir las normas. A este paso veremos a esta nueva tribu política asistir con bermudas y chanclas a las citas regias.



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