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Opinión - Ideología laicista

OPINIÓN

IDEOLOGÍA LAICISTA Cuando llegan estas fechas, en las que mayoritariamente celebramos el nacimiento de Jesús, vuelven a nosotros los más sentidos e íntimos recuerdos de nuestra niñez junto a nuestros padres y abuelos; los sentimientos y emociones vividos aquellos años y la alegría de extasiarnos ante aquellas figuras que parecían tener vida ensambladas en un paisaje mágico que nos transportaban al enigmático Oriente. No hay lenguaje que llegue mejor a un niño que el de las figuras inanimadas del belén, donde un padre y una madre cuidan amorosos a su bebé mientras el mundo entero gira a su alrededor. Él siente que también forma parte de ese territorio misterioso y protector, que allí está a salvo y que crecerá sin miedos mientras su familia renueve cada año la doméstica liturgia del Nacimiento. Todo ello en compañía de unas cancioncillas pegadizas y de dulce sonido que todos nos afanábamos en cantar o, al menos tatarear, con panderetas y zambombas, muchas veces construidas artesanalmente por nuestros propios ancestros. Muchas veces me pregunto cómo se habrá vivido la celebración de la Navidad en los hogares de todos aquellos que ahora, desde posiciones de autoridad, pueden cambiar normas y costumbres y quieren paulatinamente borrar todas aquellas tradiciones que han sido norma en nuestra niñez y que, algunos, hemos tratado de inculcar en nuestros hijos. ¿Como podrían esos niños abstraerse del entorno en el que vivían, de sus compañeros de colegio, de la alegría de las calles en esos días de luces y colores? ¿Que hogares serían aquellos capaces de hacer tan infelices a sus hijos? Se comprende así las actitudes de aquellos que quieren hacer desaparecer de nuestras costumbres la celebración de la Pascua del Nacimiento del Hijo de Dios, con sus absurdas prohibiciones y ocultaciones, como si los sentimientos se pudieran borrar por decreto. Llegan hasta el ridículo queriendo cambiar los símbolos y las costumbres, no solamente para ocultar la raíz de lo que significa para los españoles la Navidad, sino que en un afán grotesco de una mal entendida igualdad, se quiere añadir una “reina maga” a la tradicional cabalgata de los Reyes, o poner un belén en donde el Niño Jesús está mecido en los brazos de San José. Feminismo rancio y laicista que da la medida de hasta donde puede llegar la estupidez humana y las ansias de romper con nuestras tradiciones y normas que nos legaron; las mismas de las que se ve que les negaron a estos pobres resentidos y ridículos personajes. Contemplando un grandioso y magnífico belén que tradicionalmente montan cada año unos excelentes artistas, en donde se recrea con exactitud todos los pasajes del Nacimiento y se acompañan con villancicos, los mismos de siempre, de toda la vida; los que nos cantaban nuestros padres y hemos cantado a nuestros hijos y estos, si no lo remedian los “emergentes”, se lo cantarán a los suyos, contemplando y escuchando digo, llegué a pensar si no serían éstos los últimos antes de su prohibición.

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