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Opinión - Grotesco

OPINIÓN

Propia

GROTESCO Thomas Neuwirth, con su triunfo en el festival eurovisivo con el nombre artístico de Conchita Wurth (Conchita Salchicha, para castellanizar completamente su nombre) es la expresión mas firme de la indefinición en la que ha caído el viejo continente, también de que los aires de la diversidad ha irrumpido con fuerza atravesando fronteras, no solo físicas, sino también las complejas síntesis burocráticas y culturales de la arquitectura europea. Europa ya no es el lugar de encuentro en donde se podía palpar el refinamiento, la civilización, el progreso y la cultura. Se ha perdido la conciencia de los objetivos históricos y se enfrenta –aquí en nuestro país lo podemos comprobar- a una insurrección contra sus principios fundacionales. Insurrección que, con el tiempo, se llevará por delante pasajes gloriosos de su historia, por el olvido y la manipulación; por ese querer ir mas allá de lo razonable contra los convencionalismos. Desde que el Gobierno de España permitió sin rubor alguno que un cómico del tres al cuarto, apoyado por una cadena de televisión, se enviara como nuestro representante al festival de Eurovisión a un personaje repelente –hoy se les llama frikis- por nombre artístico Chiquilicuatre, como muestra de la degeneración del buen gusto y de la decadencia social y cultural, y con el regocijo y ayuda de tanto iletrado colaborador, la poca fe en dicho festival se desmoronó estrepitosamente en aquellos que aún conservábamos un hilo de esperanza por la recuperación musical del festival. Tuve por seguro desde que conocí la participación de esta drag queen que sería la ganadora, aún sin haber escuchado la canción, pues reunía en su persona los elementos estéticos que el frikismo rampante y estrafalario adora, el que se ha instalado extraordinariamente por todas partes, en una clara demostración de que la tontería se extiende y es contagiosa, como ciertas enfermedades. Salvo honrosas excepciones, casi nadie se entretuvo en valorar la extraordinaria voz de Ruth Lorenzo, nuestra representante y su bonita canción “Dancing in the rain”, posiblemente la buena puesta en escena, su esbelta figura y su belleza, acorde con las exigencias de un festival que antaño tuvo prestigio, eran insuficiente para el circo en que se ha convertido Eurovisión. Estaremos atentos a futuros festivales. El interés de los mismos puede que ya no esté en la calidad de las voces de los artistas o en la letra y música de los compositores. Puede que llegue el día en que tengamos que ver el desfile de personajes de características físicas como las del circo de los Ringlin Brothers, de la película “Freaks”, de Ted Browning. Será el momento de comprender que lo trivial y anecdótico se ha impuesto a la sensatez y al buen gusto. El travestismo y el disfraz hermafrodita presumiendo de barba se ha impuesto en este. Veremos que nos depara el futuro.



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