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Opinión - Entre cándidos y manipuladores

OPINIÓN

ENTRE CÁNDIDOS Y MANIPULADORES La política, que casi todo lo puede, ha encontrado la forma gratuita de inminscuirse en la vida de los ciudadanos, no solamente a través de los cansinos discursos que en prensa y televisión cada día tenemos que soportar. Estos ladinos han descubierto que las redes sociales son un medio rápido y económico de hacer política, de seguir vendiendo sus ideas, sus eslóganes y, también, sus fobias. Atrás está quedando el que ser parte de una red social era como tener tu propio grupo de amigos que te aplauden, siguen tus comentarios y te ríen las cosas que publicas, por intrascendentes que sean; esa falsa burbuja en la que tu vida social es resplandeciente por el buen rollo imperante entre tus contactos y tú. Esa burbuja en la que –aún siguen habiendo- comentan cada pensamiento por insignificante que pueda ser, mostrando acciones cotidianas tan tontas y carentes de interés que, en la vida real y frente a frente, jamás se comentarían con tus amigos; y a pesar de todo ahí te ves con una suma de “me gusta” producto de un dedo de pulsación fácil. Pero este apartado de las redes sociales se está quedando para los anclados en su propia ambigüedad social, que viven dentro de redes sociales virtuales donde pasan el tiempo compartiendo novedades y vivencias personales. Ahora, lo que de verdad se impone en estas redes es la creación de un campo de batalla de discusión política, desde donde se imparten consignas, diaria y machaconamente, con el fin de influir en esa parte de la sociedad que se ha aficionado a su ración diaria de conexión. En el argot popular se conocen como Trolls a los usuarios que se dedican a publicar mensajes provocadores o irrelevantes. En el contexto político, son aquellas personas que únicamente usan las redes sociales para molestar a miembros de la oposición utilizando, en la mayoría de los casos, la demagogia. Están muy bien organizados y tanto en Twitter como en Facebook u otra red social, siempre están alerta para apoyar cualquier manifestación que se haga a propósito de sus intereses y contrarrestar la opinión contraria, con una táctica muy sutil, pues la apariencia es de que se producen espontáneamente desde diferentes personas, cuando en realidad casi todas pertenecen a un mismo círculo muchas veces creado al efecto; contando con antelación con la abstención en la dialéctica de aquella mayoría que lee y calla. Es como la vieja táctica asamblearia en donde estratégicamente se iban colocando en diferentes puntos de la sala aquellos que luego intervenían, premeditadamente, con el fin de boicotear al orador, dando la sensación de que todos los asistentes corroboraban sus preparadas manifestaciones. En esta amalgama de personajes se mueven ahora las redes sociales, con el agravante de que, dada la opacidad de los datos de los perfiles de los usuarios, no hay una información relativa a los demás. Es por ello que desde perfiles falsos también se atreven con más impunidad a criticar, cuando no a insultar, cuando de forma presencial no lo harían. Es la faceta más negativa de estos medios, pues a estas personas no les interesa el debate y el contraste de opiniones, sino el imponer sus ideas por la fuerza del atropello verbal.

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