Para poder visualizar todos los contenidos debes tener instalada la versiĆ³n actual de Adobe Flash Player.

Principal Lugar de poesia Lugar de pintura Lugar de opinion Lugar de música Música de películas Racó d'Elx Cajón de sastre Enlaces de interés Artículos anteriores Opinión - Grotesco Opinión - Cristofobia Opinión - Tu me dai la cosa me... Opinión - Entre cándidos y manipuladores Opinión - Un espejo donde mirarnos Opinión - Los límites del rencor Opinión - Profesionales de la ignominia Opinión - Farsantes y consentidores Opinión - El bufón y sus acólitos Opinión - Los elegidos Opinión - Los liantes Opinión - Osados ignorantes Opinión - Una ley defectuosa Opinión - Los nuevos tribunos Opinión - Los tramposos Opinión - Ignorancia y sectarismo Opinión - Derecho consuetudinario Opinión - A propósito de Andrea Opinión - Vapuleando la historia Opinión - Ideología laicista Opinión - Setenta y ocho años después Opinión - En el umbral de la ruina Opinión - La última astracanada Opinión - El fuego fatuo de la inspiración Opinión - Los descuajeringados Opinión - La que se avecina Opinión - El aliado irrelevante Opinión - Buitres carroñeros Opinión - La venganza de Schez. Opinión - Manipulación genética Opinión - Sin perdón Opinión -De odios y bajezas Opinión - Adeste fideles Opinión - El día se ha ido Opinión - Carrera hacia la muerte Opinión - ¡Ay, Llach, Llach! Opinión - De artistas y paseantes Opinión - De trileros y pringados Opinión - No tenemos miedo Mirando por la ventana - Articulos  Mirando por la ventana - Articulos  

Opinión - El día se ha ido

OPINIÓN

Propia

EL DIA SE HA IDO Por ahí, bajo el andamio del tiempo, se encuentra el curso de nuestra vida; todas las horas y los días que hemos visto pasar asomado a nuestra propia ventana, acaban como el día. Como ese día del poema que da título a este artículo: “Ahora andarás por otras tierras/ llevando lejos luces y esperanzas/ aventando bandadas de pájaros remotos/ y rumores y voces, y campanas, …” Es así, con la melancolía de lo evidente, pero se van cerrando las puertas que vas dejando tras de ti, implacablemente. Cada día que amanece es como una nueva vida que nace, con un cielo repleto de diferentes azules, mas fuertes cuando mas cercanos, enmarañados en grises cuando se quedan estancados en las montañas, esas que siempre vemos como gigantes inaccesibles y opacos. Olvidamos que ayer pasó y que son demasiadas las veces que vivimos la rutina diaria con la insensibilidad del que el azul es un único azul, anestesiando nuestros sentimientos y nuestra capacidad de generar nuevas ilusiones. Hay otros días en que se detienen los relojes y que la noche se echa rápidamente encima y se torna desapacible, con rapidez asombrosa, aflorando, como una conjura, el reino de las sombras. Es el inevitable pesimismo que puede adquirir categoría de pequeño drama personal, con viejos y prescritos recuerdos ya olvidados en el desván de la memoria; y es en ese momento, con la lucidez que da la experiencia adquirida, cuando se acude al terapéutico recurso de la lectura y de la música, esas impagables herramientas que te conceden subsistir en momentos de resaca sentimental y te permite evadir la sensación de soledad o de culpa. Es también cuando nos vamos haciendo más sensibles a las pequeñas cosas, a los momentos fugaces, a ese gesto al que antes, casi nunca, le habías dado importancia. Vas acariciando el tiempo como si fuera a escaparse en un suspiro, y lo quieres vivir en una alocada carrera que difícilmente puedes ganar, pero que sirve para valorar que a pesar de todo, a pesar del frío pasado en las cunetas del camino, en inhóspitas noches dedicadas a guardar en la mirada -eso que es también la memoria-, que la vida vale la pena vivirla. Es la constatación de que la belleza puede coexistir con el tedio, con la desilusión y hasta con nuestra propia existencia. Es saber combinar los momentos de profundo hastío, de insoportable vacío o de intensa soledad, con esos exquisitos momentos en que, como con el canto de los pájaros, la melodía de su alegría inunda el espacio con otra dimensión con la que no siempre podemos conectar. El vivir no siempre resulta un camino de cordura del que puedes presumir y enseñar, pero nos ha servido para comprender que los errores que hemos cometido han sido a menudo el indicio inesperado de algún acierto, de alguna actitud positiva, de la que ahora puedes sentir que nada es inútil ni definitivo. No hay arrepentimiento que salde una deuda contraída por culpa de un error, ni error capaz de no ser olvidado para siempre. Solo te queda la incertidumbre de saber si con quien erraste te olvidó, o si tal vez precisamente tu error fue motivo de su esperanza. Eso es parte también del camino, del día que se fue. Como casi siempre ocurre, la experiencia se adquiere a destiempo; aunque posiblemente mañana nuevamente buscaremos esos cielos repletos de diferentes azules, y el recuerdo de aquel beso que distes como un sitio pequeño de tu vida, y en donde, alguna vez, puedas haber dejado una huella



Lugar para amigos

Lugar para la música

Lugar de poesía