Para poder visualizar todos los contenidos debes tener instalada la versiĆ³n actual de Adobe Flash Player.

Principal Lugar de poesia Lugar de pintura Lugar de opinion Lugar de música Música de películas Racó d'Elx Cajón de sastre Enlaces de interés Artículos anteriores Opinión - Grotesco Opinión - Cristofobia Opinión - Tu me dai la cosa me... Opinión - Entre cándidos y manipuladores Opinión - Un espejo donde mirarnos Opinión - Los límites del rencor Opinión - Profesionales de la ignominia Opinión - Farsantes y consentidores Opinión - El bufón y sus acólitos Opinión - Los elegidos Opinión - Los liantes Opinión - Osados ignorantes Opinión - Una ley defectuosa Opinión - Los nuevos tribunos Opinión - Los tramposos Opinión - Ignorancia y sectarismo Opinión - Derecho consuetudinario Opinión - A propósito de Andrea Opinión - Vapuleando la historia Opinión - Ideología laicista Opinión - Setenta y ocho años después Opinión - En el umbral de la ruina Opinión - La última astracanada Opinión - El fuego fatuo de la inspiración Opinión - Los descuajeringados Opinión - La que se avecina Opinión - El aliado irrelevante Opinión - Buitres carroñeros Opinión - La venganza de Schez. Opinión - Manipulación genética Opinión - Sin perdón Opinión -De odios y bajezas Opinión - Adeste fideles Opinión - El día se ha ido Opinión - Carrera hacia la muerte Opinión - ¡Ay, Llach, Llach! Opinión - De artistas y paseantes Opinión - De trileros y pringados Opinión - No tenemos miedo Mirando por la ventana - Articulos  Mirando por la ventana - Articulos  

Opinión - El bufón y sus acólitos

OPINIÓN

EL BUFON Y SUS ACOLITOS Es una lástima que muchos periodistas sigan tratando a algunos exdeportistas como si en la actualidad lo fueran siendo, como si lo que hicieron alguna vez o lo que consiguieron entonces pueda tape todo lo que han hecho después, sea lo que sea. Se equivocan e insisten en el error; pero esto no tendría más trascendencia si sus errores solo fueran demostraciones de su propia ignorancia. El problema es que generalmente los periodistas crean opinión a mucha gente, sobre todo a aquellos menos formados y que, en la mayoría de los casos son los más jóvenes. Diego Armando Maradona fue un jugador de futbol extraordinario, posiblemente uno de los cinco mejores de los que la historia ha establecido en ese ranking que siempre existe para todo. De este personaje se escribió mucho y bueno sobre sus habilidades futbolísticas, que las tenía. Pero un personaje, para mantener la aureola de elegido tiene que serlo hasta el final de sus días, no se puede estar toda la vida viviendo de lo que uno fue hasta los 30 años. ¿Y después, si el ídolo tiene realmente los pies de barro hay que seguir manteniéndolo en el pedestal? Se ha oído y leído hasta la saciedad el nombrar a este personaje como “Dios”, así, sin importar la blasfemia que esta denominación supone para la comunidad católica. Un individuo conocido por su carácter bronco y pendenciero, capaz de maltratar a mujeres sin distinción de proximidad; adicto a diferentes drogas, cuya adicción parece que inició por su paso en el Barcelona C.F. y que luego prosiguió en Italia es este ídolo de barro en el que la mayoría de los cronistas deportivos ponen como ejemplo de deportista ante los jóvenes que inician su andadura con la mira puesta en ser futbolistas. Por si fueran insuficientes los ejemplos que ha ido dejando durante su azarosa vida, de un tiempo a esta parte es uno de los voceros de la política social-comunista del régimen de los hermanos Castro, desde que estuvo una temporada intentando desintoxicarse y que, visto lo visto, no llegó a conseguir. En el programa televisivo “De Zurda” del canal latinoamericano Telesur, transmitido desde La Habana, definió al expresidente cubano, Fidel Castro, que ha tenido sometido al pueblo cubano a la más feroz dictadura que se conoce, como el «más grande de la historia», es decir, que ellos son los dos más grandes de la historia, sin lugar a dudas; aunque uno ya esté momificado y el otro a punto de ser irreconocible físicamente. Si este es el modelo en el que, según algunos periodistas, tiene que mirarse la juventud que aspira a ser algo en el deporte, más les valdría a estos predicadores de la estupidez dedicarse a una profesión en las que sus opiniones no fuesen nocivas para el futuro de la juventud, a la que se le debe requerir para un futuro mejor que el indigno Maradona lo que en los Juegos Olímpicos de Munich pronunció el barón Pierre de Coubertin “Citius, altius, fortius”

Propia



Lugar para amigos

Lugar para la música

Lugar de poesía