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Opinión - Derecho consuetudinario

OPINIÓN

DERECHO CONSUETUDINARIO Hay una web española –con manual de actuación incluido- dedicada exclusivamente a advertir sobre la situación de edificios que no estén habitados en algún momento determinado, dando puntual información sobre la vivienda, tanto en referencia a los metros de ocupación como número de habitaciones, plantas, baños, etc.; además de la localización puntual de la misma, y facilitando datos precisos sobre la forma más fácil de acceder a ella violentando la propiedad. Debe ser “legal” esta web y su contenido, pues lleva funcionando muchos años y, al parecer, sin problemas; señalizando espacios en donde se puede cometer el delito de ocupar ilegalmente la propiedad privada y el uso indiscriminado de la misma. Es verdad que cada vez se va perdiendo la capacidad para el asombro; los acontecimientos sobre cuestiones que teníamos como casi inmutables, por mor de esta pandemia de progresismo de chancleta, se subvierten principios fundamentales ante los que nos encontramos indefensos. Ya empezamos a vacunarnos sobre la fuerza de la intimidación y la agitación cuando se conoció el auto del TSJM por el que se determinaba que la calle pertenece a quien la tome, siempre que no sea «de manera violenta», y que esa propiedad lleva aparejado el derecho a ocupar ese espacio para utilizarlo, lo que nos lleva a pensar que la ley de la jungla existe en el siglo XXI. Todas las ciudades padecen el mal endémico por el que alguna vivienda, legalmente escriturada y de propiedad privada, ha sido ocupada por algún grupo de personas, no precisamente de aquellas a las que hubieran concurrido una serie de circunstancias adversas en materia laboral o de incumplimiento forzoso de sus obligaciones económicas; no, generalmente la ocupación se produce por extraños personajes cuya indumentaria y apariencia está reñida con las más elementales normas de higiene y prestancia para desempeñar un puesto de trabajo. Madrid ha tenido la “suerte” de encontrar a una alcaldesa rumbosa y protectora del movimiento ocupa –me niego tajantemente a intercalar la k en esa palabra, ateniéndome a las elementales reglas ortográficas- y están de enhorabuena los practicantes de la ocupación por la jeta. Que tan entrañables personajes no son simples personas necesitadas de un hogar familiar se ha podido constatar recientemente. En un edificio del que se apropiaron a las 48 horas del nombramiento de la alcaldesa, y del que han sido desalojados por la Policía Nacional –que por cierto la actuación sobre el mismo, así como la limpieza y adecuación la han tenido que sufragar sus propietarios- además de la acumulación de suciedad, pintadas y destrozos varios, mantenían acumuladas 150 cajas de cerveza, que suponen unos 4.500 botellines (25 cl.); cerca de una decena de barriles, sumados a los ya recogidos anteriormente; y unas cincuenta botellas de alcohol, como ron y whisky, conformando parte del inventario de la limpieza llevada a cabo. En total, se necesitaron siete horas, doce operarios y cuatro camiones completos para vaciar el edificio con los restos que dejaron. Como se puede comprobar, allí se realizaba una “completa labor educativa”, como pregona su valedora. Todo muy edificante y progresista.

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