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Opinión - De artistas y paseantes

OPINIÓN

Propia

DE ARTISTAS Y PASEANTES España es un país de aplauso fácil, igual da que sea ante la desdicha que ante el éxito; muchos acontecimientos que padecemos están muchas veces refrendados por la enculturación negativa de esas gentes que en el proceso de sus días se acomodan a todo aquello que le rodea, dándolo por bueno por ser reiterativo su uso o abuso, como algo ineluctable cuando en realidad, si se pusiera verdadero empeño por parte de la sociedad y sus administradores, se conseguiría un mejor y placentero ambiente social. Resulta francamente desgarradora la visión de tantas fachadas de viviendas y comercios y hasta monumentos, pintarrajeados por gente inmisericorde que no respeta la propiedad privada y amenaza la convivencia. Son unos saboteadores incívicos que, como en todos los órdenes de la vida, siempre encuentran algún defensor, otorgándoles su beneplácito como si en vez de simples gamberros fueran artistas reprimidos. La realidad es que los artistas de verdad respetan la propiedad ajena y los otros, simplemente es gente que se niega a crecer física e intelectualmente. No hay calle española que no vea afear su aspecto mediante garabatos absurdos propios de personas de dudosa capacidad mental. Son los nuevos bandoleros del spray retándose a ver quién destroza más en los territorios que ocupan, en una exhibición absurda de su gamberrismo y con la impunidad de la noche y, en muchas ocasiones, por la desidia de algunos gobernantes. El vandalismo es consecuencia de la falta de respeto, de la mala educación, de la pérdida de la distancia con la realidad y propio de gente marginal. Otra especie, aparentemente más pacífica, pero igual de agresiva en muchos de sus componentes, es la proliferación de paseantes con animales. A veces –y doy fe de ello- resulta difícil distinguir el grado que ocupa cada uno. Antes era cuestión de ver a alguna persona mayor con su animal de compañía, ahora es toda una legión de hombres, mujeres y niños por las calles con sus mascotas, con una increíble variedad de razas y tamaños, muchos inadecuados para llevarlos por las calles sin la debida protección para los humanos, naturalmente. Los perros serán en el futuro como se les eduque y muchos de sus dueños, más de los que los viandantes desearíamos, no son responsables de las condiciones y normas en las que debe desenvolverse, respetando la propiedad y la salud del ciudadano. Algunos dueños son tanto o más agresivos que sus perros si se les llama la atención por hacer sus necesidades en puerta ajena, añadiendo a nuestra convivencia una innecesaria dosis de irritante incomodidad. Es la triste realidad de una sociedad que va asintiendo sin protestar, y sin apercibirse de la degradación de las ciudades y permitiendo, de esta forma, que la sociedad sea cada vez más violenta, insensible e insolidaria.



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