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Opinión - Buitres carroñeros

OPINIÓN

Propia

BUITRES CARROÑEROS Tengo comprobado hace mucho tiempo que es inútil razonar contra quienes prefieren hacer oídos sordos a cualquier argumento objetivo. Si ya resulta extremadamente difícil hacerlo personalmente, en un ambiente distendido y sin que se te vaya de las manos –dado lo impulsivos que somos los españoles-, aún resulta prácticamente imposible en un medio cuya inmediatez en la respuesta configura un panorama de difícil sujeción a unas normas elementales de educación. Establece Guy Sornam en un excelente artículo de opinión que internet ha creado una nueva sociedad y la Red es un continente en sí. Pero el pretender que este continente es democrático es una impostura: la Red es un campo de batalla ideológico donde las minorías organizadas y activas se imponen a la mayoría silenciosa. La Red es antidemocrática, populista, extremista y de izquierdas la mayoría de las veces. Y queda demostrado contundentemente en estos últimos tiempos convulsos –políticamente- que nos está tocando vivir. No hay diálogo en las redes, hay linchamiento verbal sin atender a argumentos –con salvadas y honrosas excepciones- y no conforme con eso, como siempre ocurre en muchas discusiones, el insulto suple la falta de argumento y se muestra con todo su esplendor la catadura del individuo y su grado de educación y hasta de cultura. Hoy he leído una carta que se ha publicado en muchos medios de quien se presenta como educador, no solamente celebrando la muerte de un torero, sino que desea lo mismo para sus ancestros y termina con un exabrupto. Y de ahí en adelante una turba con iguales o peores intenciones ha salpicado la red llenándola, una vez más, de oprobio y vergüenza. Sé, como tantos, que las implicaciones ecologistas, animalistas, estéticas y económicas son encubrimientos de un problema definitivamente político, queriendo enmascarar una ideología muy definida. Ignacio Camacho define con precisión a estos antitaurinos como “ese ejército de desaprensivos mequetrefes tuiteros, de payasos antisistema y de ecologistas talibanes cuya compasiva bondad animalista inhibe cualquier atisbo de empatía por la muerte de un ser humano.”Por supuesto, el objetivo último de esta especie anti es eliminar cualquier vestigio de la cultura común a todos los españoles, en contra de las evidencias históricas y sociológicas sobre el arraigo de los toros en España. El dogmatismo seudocientífico impide a los «abolicionistas» reconocer que la tauromaquia forma parte esencial del arte y la cultura, como reflejan -entre otros muchos casos- los dibujos de Pablo Picasso. Algunos apelan al sufrimiento de los animales, pero su actitud -falsamente progresista- no les impide asumir con naturalidad otro tipo de daños que se infligen a los seres humanos al amparo de razones injustificables. Ese «progresismo» lleva a algunos a defender el derecho a la vida del toro, pero a negárselo al ser humano concebido.



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