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Opinión - Adeste fideles

OPINIÓN

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ADESTE FIDELES No es solamente por su ideología trasnochada, decadente y criminal, la que tratan de endulzar a bobalicones y desesperados después de muchos ensayos en las aulas de las universidades, esas que pagamos todos para que los jóvenes aprendan, no a que los ideologicen con patrañas que se caen en los ejemplos que siguen dando de sus ídolos cubanos o venezolanos. No es solo por defender una idea muerta de las tantas que quieren mantener en pie a malas penas. Es el querer destruir a la sociedad desde sus cimientos más profundos, de sus tradiciones y costumbres arraigadas a través de los ancestros, de los recuerdos familiares en las fechas más señaladas por los españoles, sean creyentes o no lo sean, pero que participan, cada uno a su manera, de la Navidad. Nada de lo que hacen contra las costumbres es casual, es una política deliberada, que trata de demostrar el supuesto progresismo de sus promotores, aunque para ello se tenga que caer en el ridículo más espantoso y las representaciones más increíbles. Todo vale para intentar derribar el muro de las creencias, imponiendo personajes que no encajan en la historia, convirtiendo Reyes en Magas, pastores en personajes de ciencia ficción y belenes en construcciones amorfas con motivos geométricos de colorines que no son del gusto de todos los madrileños. Para estos insensatos todo vale, es también una forma de provocar conflictos artificiales para que no se hable de los otros problemas que están generando y de alimentar una supuesta “cuestión religiosa” que quedó cerrada con toda naturalidad en el proceso constituyente. Afortunadamente, estos escándalos que para muchos no lo supone, demostrando hasta qué punto está dispuesta esta sociedad a tolerar lo intolerable, tiene una réplica moderada pero firme. Por segundo año consecutivo la Puerta de Alcalá se queda sin su nacimiento. Las tradicionales luces que simulaban un Belén bajo el céntrico monumento llevan dos navidades sin colocarse, por eso un grupo de ciudadanos ha decidido organizarse para mostrar su disconformidad colocando cada día belenes bajo sus arcos. La alcaldesa, de cuyos desmanes a golpe de decreto ya tiene harto a los madrileños, por sus excéntricas decisiones en materia urbanística, de tráfico o de limpieza, se defiende diciendo que el Ayuntamiento quiere continuar “con una Navidad para todos y en la que quepan todas las visiones de Navidad” ¿Y eso se consigue borrando de un plumazo una tradición de celebrar la Navidad y el nacimiento de Jesús, centro de todas estas fiestas? Todo está milimétricamente estudiado para intentar cambiar estas celebraciones a golpe de laicismo impuesto por la alcaldesa; pero muchos madrileños se han movilizado colocando cerca de un centenar de belenes de tipologías muy diversas. Desde simples belenes pintados sobre un folio por niños en edad escolar, hasta otros más elaborados. La respuesta de la regidora no se hace esperar: por las noches envía a operarios municipales a que los recojan y posiblemente los tiren. Esos son los modos y las formas de esta “nueva” política que de tan vieja huele a naftalina.



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