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Opinión - A vueltas con el himno

OPINIÓN

A VUELTAS CON EL HIMNO “Lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible”. Este pleonasmo tan conocido y redundante, que ha sido atribuido tanto al torero Rafael Guerra “Guerrita” y también al torero Rafael Gómez Ortega “El Gallo” (posiblemente por una confusión al coincidir en el mismo patronímico), aunque otras voces atribuyen la frase a Charles Maurice de Talleyrand, sirve de base a un tema que recientemente es treding topic, como tanto gusta hoy día nominarse a aquellas cosas que están en el primer plano de la noticia: el ponerle letra al himno nacional. Y aquí viene la aplicación de la susodicha frase. A través de nuestra historia han sido muchos los intentos por ponerle letra a nuestro himno, y siempre por la misma causa no ha sido posible llegar a un acuerdo entre las partes que tienen que negociarlo, esto es, los políticos de turno; partiendo de la base de que anticipadamente se rechaza aun antes de conocer el texto de la misma; y es que siempre los intereses políticos se ponen por encima del ansiado acuerdo, para no mantener ese complejo de ser uno de los tres países del mundo que no tienen letra sus respectivos himnos nacionales. El primer intento que se conoce fue el del escritor Ventura de la Vega en 1843 y por el año 1870 el general Juan Prim decidió que había llegado el momento de que España fuera identificada por su himno y por su letra, pero tampoco cuajó la idea. Allá por 1908, por encargo de Alfonso XIII, Bartolomé Pérez de las Casas adaptó la partitura de la Marcha Real, y se le encargó la letra a Eduardo Marquina, sin resultado alguno. Fue en 1928 cuando Miguel Primo de Rivera se lo encargó al poeta y dramaturgo José María Pemán, sin que se llegara a hacer oficial como himno. Luego ha habido varios intentos, pero siempre se encontraban discrepancias en frases o conceptos. Un intento que pareció que fraguaría, por provenir del Comité Olímpico Español fue en el año 2007, para lo que se organizó un concurso público. Lo ganó el manchego Paulino Cubero, pero el propio Comité, a los pocos días de su estreno lo retiró. ¿Cómo va a ser posible el poner letra al himno si lo escriba quien lo escriba se le pone pegas mucho antes de hacerse popular? Se oyen comentarios para todos los gustos y hay quien asevera con rotundidad que España no ha encontrado su himno ni lo hará nunca. ¿Motivos?: aunque no se digan todos los conocemos. Una prueba irrefutable: un exministro, cuya capacidad intelectual se le supone, rechazaba con vehemencia no solo la letra de Marta Sánchez, sino también la música, porque el actual himno nacional “vino de un golpe de Estado y de una dictadura” que, “a su vez, sustituyó al Himno de Riego, anterior himno nacional”. Este exministro demuestra una ignorancia notable, al desconocer que la Marcha Real se compuso en 1761 cuando esta pieza musical se denominaba “Marcha Granadera”. El Rey Carlos III la convirtió en Marcha de Honor en 1770, por lo que es uno de los himnos nacionales más antiguos de Europa. Con estas absurdas consideraciones, como se puede pretender unificar criterios para encontrar una letra que nos represente a todos. Al final lo que dijo el torero, o el Sr. de Talleyrand.

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