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Opinión - El fuego fatuo de la inspiración

OPINIÓN

Propia

EL FUEGO FATUO DE LA INSPIRACION Me gusta la música en general y tengo devoción por aquella entre la que me formé en mi juventud y que para mí –estricto en mis convicciones musicales y en otras cosas- es la mejor que ha habido. Vaya esta confesión de parte porque sé que no todos estarán de acuerdo con mi apreciación; pero la historia va poniendo en su justo lugar a aquellos músicos, cantantes o compositores que lo han merecido y que no son solo fruto de un éxito puntual. Cada década tiene su música y sus intérpretes y van creando historia aquellos que se lo ganaron. Recientemente ha fallecido el cantante Manolo Tena –y ya son muchos los cantantes fallecidos con historias de alcohol y drogas a sus espaldas- conmocionando a todos los que han sido fervientes admiradores de los que se ha dado en llamar “la movida madrileña”. Si por los hechos hay que juzgar esa movida, habrá que reconocer que tuvo su grado de calidad musical, pero no tiene que haber sido muy sana en las costumbres por los resultados obtenidos. Tena no hizo más que el guion de su propia muerte. No tengo más pena por su defunción que la que pueda sentir por alguien que ha fallecido el mismo día, en el mismo sitio y al que no he conocido. El que convive con el peligro tiene demasiadas papeletas en la rifa de la vida. Sé que grandes artistas se han ayudado de drogas para mantener activa su creación, como los que también hay que su única forma de vida es estando dentro de ese submundo irreal y destructivo por el que transitan. Reconozco mi incapacidad para poder admirar a aquellos que viven instalados en la fantasía de las drogas, por muy agradable que pueda resultar la música que representan. La imagen de estos personajes, si los despojas de la música que interpretan, es patética y peligrosamente influenciable en los jóvenes. No solo transmiten una irresponsable caricatura de la vida, sino que incitan en muchas ocasiones a imitar sus costumbres. No extraigo conclusiones sobre si una personalidad así se reconoce con un verdadero artista, pero es un hecho que la calidad humana no se corresponde con la musical. Hay quien, como el afamado Sabina, ha descrito con profusión en periódicos y televisiones su adicción a las drogas; todo un ejemplo nefasto para aquellos que le admiran como compositor y cantante. Hoy, quebrada la voz y la salud, vive como un rico a costa de haberse hecho el héroe de los pobres, y sin dejar su quehacer diario, tan selecto y exquisito. Después de tantas, tantísimas declaraciones, canciones y manifestaciones defendiendo los preceptos de la izquierda más siniestra y casposa, se instala en la comodidad de su fortuna sin tener en cuenta el daño que su actitud pueda haber hecho entre sus seguidores, gracias a la asfixia que él ha contribuido a crear. Nunca entenderé a aquellos que desde posiciones que pueden influir en la mente de nuestros jóvenes, jaleen y suban en pedestales a estos ídolos, no solo con pies de barro, sino también el resultado de su alucinación.



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